Seguimos navegando a bordo del RMS Titanic. Hoy Isidre y Eulàlia han coincidido con los Señores de Peñasco ccon los que conoceremos la pista de squash del barco.
Hoy 12 de Abril de 1912, Viernes, nos encontramos ya en el Atlántico. Según ha comentado el capitán Smith en el almuerzo, navegamos a una velocidad de 12 nudos y, entre ayer y hoy el Titanic habrá recorrido 386 millas.
En una conversación entre el capitán Smith y el Sr. Bruce Ismay, puedo oír que el buque ha recibido muchos mensajes de felicitación y muchos buenos deseos. Smith también le comenta susurrando que los saludos también contienen advertencias de hielo:
– No debe preocuparse Sr. Ismay, la presencia de hielo es normal en esta época. — Dijo el capitán para tranquilizarlo.
Las palabras del capitán son reconfortantes. Debo de decir que todos los nervios previos del viaje han sido totalmente disipados. El viaje transcurre con total normalidad y ausencia de vibración. Parece que estemos en tierra firme en vez de en un barco.
Hoy no hemos podido disfrutar mucho de las cubiertas de paseo, el viento ya es más frío. Se está mucho mejor en los salones de escritura o en la biblioteca.

Hoy Isidre ha quedado con el Sr Víctor Peñasco para jugar a squash. Yo he quedado con la Sra. de Peñasco, María Josefa Pérez de Soto, para tomar el té en el Café Parisien. La verdad es que hemos hecho muy buenas migas, hay pocos compatriotas a bordo del buque.
Al acabar el té nos hemos acercado al recinto de la pista para ver jugar a nuestros maridos.
La pista de squash estaba dispuesta en el centro del barco entre dos cubiertas en la zona de proa del buque. La parte superior estaba en la cubierta F, y el piso estaba dispuesto en la cubierta G, justo delante de la sala de calderas y al lado de la oficina de correos.

Ya de vuelta a la Suite, mientras nos cambiamos para la cena, pregunté a Isidre sobre la experiencia de jugar en una pista en un barco:
– La pista era algo más pequeña que las de tierra firme pero no afecta al juego. – Las medidas de la pista habían sido modificadas levemente para adaptarse a las medidas del barco.
– Hemos quedado en volver a jugar mañana, queríamos repetir hoy para acabar nuestro juego pero había caballeros que tenían reservas hechas previamente. — Isidre continuó relatándome que la pista era accesible sólo para los pasajeros de primera clase. Para poder juagar en ella se debían comprar, en la oficina del Comisario, un billete de acceso que costaba 2 chelines y daba derecho a una sesión de una media hora. También me comentó que si no traías tu propia raqueta podías alquilar una.
Nos hemos acabado de vestir y nos dirigimos a cenar. Para después de la cena hay programado un concierto de piano que seguro será muy interesante.
… Continuará
Nota editor: La historia anterior relatada es ficticia. Los personajes y los hechos que se mencionan están basados en hechos reales pero han sido modificados en favor del relato.
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